Puente de Paz

Puente de Paz es una asociación de mujeres con sede en el municipio de Ixcán, Guatemala y que inició su trabajo poco tiempo después de la firma de la Paz. Era un tiempo en que la ruptura del tejido social y el impacto de la violencia vivida durante la guerra interna, estaba a flor de piel. Nos constituimos formalmente como Asociación no lucrativa en junio del 2004, con la participación de personas religiosas y laicas comprometidas con los derechos humanos, con el fin de superar los traumas y el fortalecimiento de las mujeres maya q'eqchi' y sus comunidades como sujetas de derechos. Puente de Paz ha acompañado el trabajo organizativo en los municipios de Ixcán, Zona Reina y Cobán. Ha contribuido en la formación de organizaciones representativas de mujeres y su articulación. A través de los años se ha promovido la igualdad del derecho entre mujeres y hombres, la participación de las mujeres en espacios de toma de decisión, el respeto a la Política Nacional de Comadronas (parteras) y en las demandas comunitarias de tierra y consentimiento ante los proyectos de inversión en su territorio. A través de su participación organizada las mujeres han incidido en la aprobación e implementación de normativos comunitarios para prevenir y sancionar la violencia. Al mismo tiempo se han revitalizado los conocimientos agrícolas, de medicina tradicional y las técnicas de partería.
Aprendimos que los procesos que favorecen el empoderamiento de las mujeres y sus comunidades, requieren una intervención integral, trabajando de manera simultánea la autoestima, la formación en conocimientos, el desarrollo de habilidades, el rescate de sabidurías ancestrales y el acompañamiento para la exigencia de sus derechos individuales y colectivos. apoyo Para realizar este trabajo hemos contado con el de personas solidarias, organizaciones no gubernamentales de inspiración religiosa y de la cooperación internacional gubernamental.

Testimonios

"En las fincas, nosotras las mujeres nos levantábamos a las 3 de la mañana a hacer el desayuno, a las 4 se levantaban los hombres, a esa hora ellos van de camino a los trabajaderos, porque a las 4 de la mañana el caporal ya está llamando a los trabajadores. Las mujeres también hacíamos el trabajo de los hombres en la casa; íbamos a traer leña a tapiscar, a traer el maíz porque ellos se mantenían en la finca todo el tiempo. En tiempos de cosecha de cardamomo, entonces si íbamos las mujeres a cortar cardamomo, yo ya iba a trabar con mi papá a cortar cardamomo cuando tenía mis 9 años."
"Nuestros padres aquí nacieron, vivieron y murieron. Todas las que estamos aquí somos hijas de estas tierras, es la herencia que nuestros abuelos y abuelas nos han dejado para que nosotros y nuestros hijos e hijas vivamos bien, sin violencia, sin miedo y sin presión de nadie".
"En 1981, cuando había guerra, agarraron a mi esposo para la zona militar. Teníamos dos hijos. Me quedé sola durante tres años. Por ese tiempo, mi mamá murió de susto, yo me quedé responsable de mis hermanitos y mi papá."
"En 1982 entraron los soldados en la aldea y empezaron a quemar todas las casas; nos tuvimos que correr al monte. Yo salí con mi mamá y mis hermanitos, porque mi papá andaba trabajando lejos. Nos quedamos escondidas entre el monte, sin hacer bulla. Tal vez por el susto y las carreras mi mamá empezó con dolores de parto… tuve que atender a mi mamá cuando yo tenía apenas 10 años de edad."

"Cuando mi papá me puso en la escuela yo me puse contenta, pero los maestros nos agarraban y nos pegaban mucho. El camino a la escuela era lejos, los otros patojos nos quitaban los lápices, nos rompían los cuadernos. Yo llegaba llorando, ya no quería ir a la escuela, en vez de ir a la escuela me escondía en el cafetal. Así dejé de estudiar, ya no fui a la escuela, no terminé ni el año en la escuela, ahora lamento no haber ido a la escuela." 

"Cuando me miraban que ya estoy grande, que ya estoy señorita, como a los 12 años, llegó el que iba a ser mi esposo. Entre ellos, los padres de él y mis padres hicieron fiesta, chuparon y de allí me mandaron a vivir a la casa de mis suegros. Yo me fui a vivir con ellos, ellos me despreciaban."

 "En la mera dieta, ocho días tenía yo de haber parido y ya andaba yo en los juzgados para que él reconociera a mi niña, quería yo su apoyo. El Juez, dijo: haz tu vida sola. Mi papá dijo: busca tu trabajo. De cuarenta días del parto yo ya estaba cortando cardamomo."

 "…después del conflicto muchas instituciones nos animaron para participar, nos dieron oportunidad de hablar, nos despertaron. Antes no se escuchaba de talleres ni capacitaciones, y por medio de ellos estamos aquí porque queremos superarnos. Ahora ya no sólo es de cocinar en nuestras casas. Ya participamos y tenemos valor y no nos quedamos calladas, ya conocemos nuestros derechos y queremos conocer más y estar organizadas."

"Empezamos por vencer el miedo. Al principio la palabra organización nos daba temor, creíamos que iba a regresar el ejército. Teníamos que lograr que se entendiera que el trabajo de organizarnos era para participar y ocupar cargos y que no nos iban a matar por estar organizadas." 

"Conociendo un poco de leyes y de justicia, ya no es tan fácil que le hagan de menos a una. Antes no me respetaban, me insultaban, me criticaban, no creían, decían: -qué hace ella, qué sabe ella- pero ahora, como ya hemos ayudado a varias mujeres, unas les dicen a otras: -miren no provoquen problemas porque ella es buena gente- Le tienen miedo a una, aunque una no lleva armas pero lleva las leyes. Además, por ese conflicto que yo viví, he podido ayudar a otras mujeres para que no les pase así como a mí. No hay que aguantar el machismo del hombre, yo salí adelante con mis hijos, mi experiencia les sirve a otras."